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“El rol de la mujer y lo femenino en la música tradicional”

 

lIntroducción:
El Museo Regional de Rancagua, en 1997 creó un Archivo de Música Tradicional que ha tenido como objetivo la investigación de las tradiciones musicales de la VI Región del Libertador Bernardo O’Higgins. A través de proyectos financiados por el FNDR, la DIBAM y el FONDART se ha logrado obtener un amplio panorama musical de la región, con sus estilos y prácticas, un numeroso material audiovisual, un catastro de los cultores del canto a lo divino y a lo humano.
En años anteriores hemos investigado la raíz española de esta expresión musical y la existencia de elementos indígenas en ella, llamándonos la atención que la mayoría de los cultores del canto a lo divino son hombres. Hasta hace algunos años atrás era muy palpable en nuestros campos, la separación de los roles masculino y femenino en la interpretación de la música tradicional. La mujer en forma general era la encargada de los cantos festivos, danzas y parabienes, tocando la guitarra rasgueada. El hombre no debía intervenir en el ejercicio de la cantora, salvo tañer la guitarra con los nudillos de sus dedos (siempre y cuando ella lo permitiera) o interrumpir con sus payas o brindis. Para él estaba asignado el canto a lo divino y humano, la guitarra punteada o estilo apuetado. Esta diferencia de estilos y participación en la música, es algo muy singular en la zona central y en nuestra región, esto puede ser refrendado por cantoras que han vivido esta situación. La mujer en su condición de cantora e intérprete casi exclusiva de nuestros ritmos en los campos de la región, ha intervenido tan profundamente en ellos, que se postula como eje central de la expresión de cantos y bailes de la zona rural.


Metodología:
Se utilizaron las grabaciones y partituras realizadas a cantoras, existentes en el Archivo de Música de este Museo Regional, analizándolas para tener el esquema de interpretación femenino.
Se realizaron numerosas salidas a terreno para conocer diferentes cantoras de la región, sus historias de vida, sus interpretaciones que fueron grabadas en sistema audiovisual y luego traspasadas a soporte digital (DVD y Cd), aumentando los registros del Archivo en 45 horas de grabación.
Se tomó como punto de referencia las vivencias de la Sra. Carmen Ahumada, quién fue nuestra primera imagen de mujer cantora, hace algunos años atrás y que a manera de método analizamos sus relatos y textos de canciones, para así crear una guía de análisis e interpretación, que nos permitiera acercarnos a este amplio mundo de lo femenino e introducirnos en la vida y pensamiento de otras semejantes.
Este fue un proyecto de replegar y desplegar la información recibida, trabajar y analizar el soporte musical y antropológico, porque las mujeres cantoras se desarrollan en una situación de doble expresión, la de mujer campesina en su rol de dueña casa y otra que a través de la música rompe lo estrecho de su situación reduccional: los espacios físicos y sociales. Luego a través de entrevistas a diversas cantoras, conversaciones sobre música, sueños, temores, recuerdos, se fue abriendo un lugar para el reconocimiento de una identidad, que es la lectura de su propia escritura, de su propio canto, de la propia vida de la cantora. De esta manera nos convertimos en traductores de un escrito que no habla sólo sobre la cantora, sino de la mujer.
Se efectuó un encuentro de cantoras en el Museo Regional, con participación de investigadores de otros Archivos sonoros y de instituciones musicales, logrando corroborar las conclusiones obtenidas a través de este proyecto y realizar un buen registro.
Se consultó variada bibliografía sobre la mujer chilena, tanto en la Biblioteca Nacional como en el Cedem, Sernam y se conversó con especialistas en el tema como la Sra. Sonia Montecinos.
Se revisaron grabaciones de antiguos cultores de la región, recopilado por don Hipólito Matus, el que fue copiado, masterizado, digitalizado y clasificado.

Argumentos que llevan a la mujer a esta manifestación:
“No, yo vengo de Bucalemu, despué que me casé me vine pa’cá, y aquí estoy, mi marido murió hace tiempo, por eso eh que una hija vive conmigo aún, tengo ochenta y tres años, aprendí a cantar y tocar la guitarra a la edá de siete” . La Sra. Carmen Ahumada nació en Bucalemu en 1919, se casó a los 17 años mudándose a una localidad cercana a Pichilemu, de donde provenía su marido. Madre de tres hijos, aprendió de su madre a cantar y tocar la guitarra a los 7 años, “...yo tenía siete años y cantaba, porque mi madre cantaba y la abuelita, todo lo que cantaban me gustaba, y me quedaba, luego lo repetía y lo repetía.”, desempeñándose como cantora en trillas, casamientos, velatorios de angelitos. En la actualidad canta sólo para el mes de María en las casas de su localidad.
La cantora es responsable de entonar la melodía del pasado y el presente, de sus ancestros y porvenir, el paso del tiempo local y familiar, sonidos, acordes, rasgueos que se han traspasado de abuela a hija, de hija a nieta. Expresión musical guardada en la memoria y el corazón, que relata su condición sexual y social. Las mayores cantan para hacer germinar la experiencia en la vida de las mas jóvenes. Para la cantora, la imagen materna es el rasguear de sus manos, el impostar la voz, trasponer la guitarra, para cantar las penas y alegrías que irán moldeando la condición de la hija, construyendo un espacio propiamente femenino alejado de los hombres, que en repetidos casos se oponen a este tipo de manifestación. ” ... yo escuchaba a mi mamá cuando estaba sola en la cocina y me gustaba oirla cantar, cuando no se daba cuenta le tomaba la guitarra y me iba dentro del granero a cantar pa’ que no me pillara mi papá”. (Florita Allende, Rincón de los Ubilla)


1.- La mujer campesina utiliza el canto como forma de salir del entorno de su casa y se transporta emocional y sensiblemente más allá de sus límites, claramente delimitados por su sociedad.
2.- A través de la música, la mujer expresa su sensibilidad y su punto de vista a la relación ser humano - tierra, ser humano – cielo, ser humano – ser humano. Produce un lenguaje distinto al del hombre en el campo, pudiendo entender y apreciar estos dos factores: hombre – campo y ser nexo entre ellos mas allá de su actividad mutua.
3.- La mujer campesina poco reconocida por el entorno social donde vive, se transforma en protagonista a través del canto, siendo la que legitima las actividades sociales de su grupo, que le reconoce y autoriza su rol fuera de la Iglesia, ya que ahí es el hombre el que tiene el protagonismo.
4.- La mujer campesina no posee tierras ni animales, salvo los domésticos, es dueña de casa, del espacio cerrado y cercado. Esta situación la impulsa a crear textos, recrear melodías que la llevarán más allá de su entorno, para hacer de su expresión musical una propiedad.

La cantora en su relación social con el hombre;
El hombre campesino es el pilar donde se toman las decisiones familiares, muchas veces autoritario y jefe absoluto del hogar. El hombre habita a la vez, en el imaginario femenino de la mujer soltera, unido al trabajo y posesión de las tierras, dedicado al sector externo de la casa. La mujer cantora le sueña e idealiza, pide en sus textos alguien que no le sea infiel, que la trate bien, que la cuide y reconozca, queriendo evitar la opresión patriarcal que le ha negado su espacio real y ocultado su importancia. El rol de la mujer pasiva en contraposición al del hombre activo, es aceptado por la sociedad rural. Pocas son las mujeres que luego del matrimonio continúan cantando, la cantora que lo mantiene, quiebra el rol tradicional de la mujer, a través de su enseñanza y oficio entrega a la sociedad campesina elementos que posibilitan el reconocimiento del factor femenino, y que se impondrá en las ceremonias colectivas.
Una vez aprendido el oficio de cantora, la hija suplanta su condición de mujer de casa, para ser un ente con sentido y representación social.

La cantora y su comunidad:

En la comunidad rural, la tradición oral femenina se ocupa de mantener vigente muchos elementos del patrimonio intangible, es así como se representan en la mujer, los rezos, el canto, leyendas, medicina, recetas, etc. La mujer campesina crece en contacto con plantas, hierbas, conoce los secretos de la tierra, está en directa comunicación con elementos que para el hombre parecen extraños, puede cantar y hablar de sentimientos, sin despertar mayor atención, puede bendecir y a la vez maldecir, puede ser virgen y puede ser bruja, ocupa el espacio de lo esotérico y también lo divino, puede hacer música y ser cantora. Es en este espacio donde el hombre se retira, para ser sólo espectador o auditor. Lo no concreto, lo impalpable es para él lo desconocido, allí construye ella respeto, más allá de ser hija, madre o esposa, ser mujer con habilidades, para sanar, divertir, emocionar, bendecir, es ella quién bendice con parabienes un nuevo matrimonio, quién corona en la parva de paja con su canto una trilla, quién despide un angelito, quién entrega el espacio sensible a un rodeo.
Muchas veces en los textos de las canciones que hemos recogido, nos hemos encontrado con peticiones para el regreso del cariño perdido, si bien esta petición está relacionada con la manda religiosa, también se relaciona con hechizo o brujería. El “ser femenino” es un sujeto que se maneja entre el bien y el mal, tiene algo de secreto para la cultura patriarcal, que en sus funciones de “rezadora”, “meica”, “cantora”, le merece respeto y veneración. Ella produce otra dimensión a lo que el hombre campesino está acostumbrado a entender como femenino, esta mujer posee fuerza, que recrea en sus textos para recordar la maldad de algunos hombres, ella cantora, engendra en la hija la herencia cultural que será el fruto que más tarde portarán sus hijas. Así se crea un legado que comparte su relación con lo sagrado.
El sitio y el momento social en que se presenta la cantora, le otorga la posibilidad de controlar el dominio masculino, quita el protagonismo al hombre para ser en la ocasión quién reproduce el sentimiento común en música. Un sistema de representaciones se pone en marcha, las mujeres son acreedoras de la divinidad o sospechosas de brujería, la presencia del patriarcado busca en ella el puente a lo desconocido e indomable, siendo la música un instrumento muchas veces de lo sobrenatural, que le faculta transportar el medio cotidiano y sus lenguajes a un espacio más elevado.

Importancia social y cultural de la cantora
Tanto como en la trilla, los casamientos, santos, rodeos, carreras a la chilena, velatorio de angelitos, la mujer cantora tiene un lugar especial, es quién lleva la música y la espiritualidad. Dentro de los elementos básicos en la experiencia de la mujer campesina, existen dos grandes hechos que marcarán su vida, heridas que van acompañadas de una gran sensibilidad, la herida física y la herida emocional, el nacimiento y la muerte, el desprenderse de algo que ha salido de su ser, para ser entregado a la tierra. Estos dos episodios se unen en la concepción de la vida, ambos hechos la necesitan como protagonista, en su función de cantora como intérprete de cantos al angelito debe asumir con dolor la entrega de los hijos de la comunidad, sin embargo a través de su herencia y experiencia femenina, se le han entregado las herramientas para crear fuerza que permita superar estos traumas. Sus cantos evitan que se prolongue el sufrimiento como una herida eterna en la vida de las mujeres, la pérdida de un hijo, es para ella el adquirir un ángel, ángel de la guarda que velará por el bien de la madre, el trauma del velorio se transforma en el espacio del ángel, quien toma la voz de la cantora para anunciar su entrada a la morada celestial, donde la vida continúa.

La cantora y su esquema musical
La tesitura de la voz se usa en su registro más alto para sobresalir y ser apreciada como femenina, contraponiéndose al registro del hombre que es más grave. El uso del falsete y la impostación de la voz en los tonos más agudos es un recurso propio de la cantora chilena. El canto es rico en registros melódicos que se diferencia del de los hombres que evocan los gritos del trabajo al rodear los animales.
La guitarra para la cantora es su compañera, su amiga, es adornada y santiguada por su dueña para que así tome su personalidad. Es común el uso de cuerdas de acero para que su timbre sea de frecuencias más altas y su sonido sea más brillante y agudo. La afinación de la guitarra es un paso muy importante que toda cantora debe aprender, ya que no es un elemento que pueda hallar por si misma. Lo aprende de su madre o de otra cantora, generalmente usa la afinación abierta. El rasgueo es la forma como la cantora maneja su mano derecha para otorgar el acompañamiento rítmico a los acordes, el más usado es un suave rasgueo de 6/8 durante la estrofa, que se acelera en el estribillo, mezclándose en un motivo rítmico de rasgueo y apañado.


Madre ya me voy al cielo
Con gusto y con alegría
Adiós pues madre querida
Ya se te vá tu consuelo
Ya se te vá tu desvelo
Que en el corazón tení
No es justo que derramí
tus lágrimas de contento
pero con gran sentimiento
mira madre no llorí

madrecita y adorada
ya estoy próximo a la muerte
la recibo muy de suerte
hoy me voy con mis aladas
con paciencia y voluntad
adiós madre querida
ya me voy pa’ la otra vida
ya no nos veremos más
porque la Virgen sagrada
a la gloria me convida María Reyes- Panilonco

Como conclusión podemos decir que la cantora es la encargada de la narración de la historia femenina, se une a quienes comparten su condición y realiza de su oficio un trabajo social, es una mujer que no ha seguido el camino impuesto por la norma acostumbrada, ha tenido que saltar muchas veces las barreras de la sanción matrimonial, o del peso patriarcal para continuar su canto.
En ella descansa nuestra música patrimonial, muestra de una herencia de madre a hija, que hoy cobra cuerpo en los testimonios y recuerdos, que quedan impregnados en nuestros oídos y es pilar de nuestro patrimonio musical.

Bibliografía:
Aguirre Delia “ La mujer aborigen en Chile” Revista América Indígena N. 35 1975
Alcaman, Eugenio “Mujeres, granos y producción mapuche” GEA n.13, 1983
Augusta, José Félix “Lecturas Araucanas”. Editorial San Francisco” Padre de las Casas
Cruz, Isabel “La fiesta: Metamorfosis de lo cotidiano”, Ed. Univ.Católica de Chile, 1995
“Diccionario Harvard de la Música” ,1989.
Montecinos, Sonia “Mujeres de la tierra “ CEM_PEMCI / “Madres y Guachos” CEDEM
Salinas, Maximiliano “ Hacia una teología de los pobres” CEP, Lima 1981
Santa Cruz Lucía et al.: “ Tres ensayos sobre la mujer Chilena” Editorial Universitaria, Santiago 1978.
Carmen del Rio Pereira
María Luisa Gruzmacher Gallo
Marcelo Vidal Díaz

 

 
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