En
el proyecto realizado durante el año 2000, más
allá de nuestros intereses y resultados que serán
expuestos a continuación, se han abierto muchas
interrogantes, ya que se ha trabajado con “supuestas
recreaciones” de música que tienen sus
orígenes en los tiempos de la conquista y que
florece en la época colonial, como resultado
de la mezcla de dos culturas, expresada por el nuevo
habitante de Chile: el criollo. De esta expresión
se nos ha informado muy poco y en forma parcializada,
quizás por estar alejada de un método
de difusión y proyección no transmitido
por los sistemas convencionales de notación.
Por otra parte existe también la idea que la
música que entendemos por “tradicional”
o “folclórica”, proveniente de la
Colonia y proyectada hoy por los medios de comunicación,
representa “lo genuino” y que en esa época
las clases populares vivían en un ambiente donde
la música chilena era la única que se
escuchaba. Intentaremos desmistificar estas ideas tratando
de precisar con criterios sistemáticos las etapas
de la creación musical chilena en base al contexto
histórico y social en que se desarrollaron dichas
expresiones, usando como centro temporal la época
de la Conquista y Colonia, que nos sirven de conexión
a un pasado remoto.
Si nos remontamos al período del descubrimiento
de América, ante los ojos expectantes de una
Europa ilustrada y poseedora de una vasta cultura, en
pleno desarrollo de un renacimiento intelectual, España
descubre tierras inesperadas, un nuevo hombre.
Como manto avasallador, la cultura occidental se extiende
en la nueva América. Hoy podemos dimensionar
sus efectos, está a nuestro alcance la historia
escrita y hablada, la historia cantada y recitada, que
nos pide abrir nuestros ojos y oídos y aventurarnos
a descubrir.
METODOLOGÍA
Se realizaron 12 salidas a terreno con permanencia en
cada sector de uno o dos días, de las que se
obtuvieron 60 horas de grabación de los cultores
en sus casas, parroquias y lugares de reunión.
Se asistió a numerosas festividades religiosas
tradicionales.
Se investigó música religiosa de la Colonia
en diferentes universidades y se conversó con
el Padre Walter Hanisch para obtener información
sobre las misiones jesuitas en esta zona.
Se organizó en el Museo Regional un encuentro
de canto a lo divino, dedicado a la Virgen del Carmen,
al que se invitó a cinco representantes de estilos
diferentes que conviven en la región. La ceremonia
fue organizada basándonos en información
bibliográfica y oral existente en el Museo y
la DIBAM. Esta ceremonia contó con la presencia
de destacados académicos y público invitado.
En conservación preventiva, se adquirió
un nuevo mueble para almacenar el material recopilado
y se duplicaron los registros originales en soporte
VHS en el caso visual y en audio se traspasaron a discos
compactos, los cassettes y minidisc. Realizamos contactos
con otros Archivos Musicales del país y especialistas
en la materia en Santiago y vía Internet.
CONCLUSIONES
La audición de estilos como el del interior de
Pichilemu del cantor Floridor Carreño y su señora,
quienes participaron en la ceremonia de canto a la Virgen
del Carmen en el Museo, puede causar confusiones, ya
que a nuestro oído suena como desafinada. Este
cantor se tomo mucho tiempo para comenzar, ya que después
de la participación de otros cantores que compartían
entonaciones similares, muy parecidas a lo que podría
ser una raíz directa europea, en términos
musicales armonía tradicional, o sea tónica,
dominante, tónica, con una melodía o entonación
basada en estos fundamentos, le fue imposible cantar.
Tuvo que “desafinar su guitarra”, manera
de crear intervalos entre las cuerdas, que no aparece
dentro de las afinaciones típicas del canto popular
chileno, luego con una especie de ritualización
el cantor se preparó para buscar su entonación
a través de sonidos interdentales y nasales,
como si la música a interpretar no saliera de
su repertorio, sino mas bien, llegara de algún
lugar externo. El Sr. Carreño proviene de una
zona al interior de Pichilemu, donde comparte su estilo
con muchos otros cantores, cuyos recursos interpretativos
escapan a cualquier elemento occidental. La forma más
clara para entender estas diferencias es el análisis
musical comparativo.
Si enfrentamos dos partituras extraídas de las
transcripciones realizadas en este proyecto, con el
fin de comparar estilos diferentes, como son el estilo
apuetado y el estilo atonadado con raíz indígena,
encontraremos que el primero de ellos es aquel frecuentemente
usado en rondas de cantores en lugares relativamente
urbanizados. De él se puede extraer su clara
raíz europea, el uso de recursos técnicos
clásicos en la interpretación de la guitarra
como instrumento de acompañamiento armónico,
la impostación de la voz, la afinación
bajo los códigos tradicionales, los modos musicales
eclesiásticos de la Edad Media, y la gran rigurosidad
en su ejecución, le hacen merecer un lugar dentro
del estilo más empleado y velado por los poetas
populares y que difiere en gran medida del estilo atonadado
con raíces indígenas, ya que éste
no ha sufrido evolución bajo los parámetros
de música de occidente, la guitarra es ocupada
como instrumento rítmico sin establecer un método
de afinación comprendido entre los métodos
tradicionales, creando muchas veces efectos bitonales
y aleatorios. La voz humana que es la encargada de llevar
el soporte melódico no ocupa los recursos clásicos
de impostación, sino más bien recursos
específicos de este estilo, como lo son los sonidos
interdentales (propios de los mapuches) y nasales. La
rítmica usada es mayoritariamente ternaria al
igual que el canto de nuestros indígenas, se
compensa con la base melódica compuesta en la
triada. Este estilo es en sus bases música elemental,
al estar construido por elementos simples que no pretenden
de él una expresión artística.
Estilo apoetado:
La partitura utilizada es una transcripción de
una grabación realizada a don Santiago Varas
en el recinto del Museo Regional de Rancagua en Agosto
del 2000. Sus elementos principales son:
- Acompañamiento armónico de la guitarra
(primera línea):
Utilización de este instrumento bajo los recursos
técnicos tradicionales de la vihuela o también
de la guitarra clásica, como lo son: arpegios,
acordes, escalas.
- Tonalidad (primera línea): sistema de organizar
la música bajo las bases de la estructura occidental,
muy ocupado a partir del siglo XVI.
- Armonía (primera línea): aspecto de
la música consistente en hacer sonar dos tonos
simultáneamente, al cual se aplican medidas de
organización para crear un patrón de sonoridad,
siendo sus bases tónicas, dominante, tónica.
Uno de los aspectos más esenciales de la música
occidental, es la poca variabilidad de sus componentes
una vez ya presentados.
Estilo atonadado con raíz indígena
La partitura utilizada
es la representación escrita de una grabación
realizada al señor Angel Floridor Carreño,
en una recreación del canto a lo divino en recintos
del Museo de Rancagua. Este ejemplo contiene elementos
exclusivos de los estilos musicales encontrados en la
costa y que se asemejan a la interpretación de
la música indígena como:
- Bitonalidad (comienzo de la primera y segunda
línea): Empleo simultáneo de
dos claves diferentes en las partes de la estructura
musical, la guitarra acompaña con un pedal de
do mayor, y la voz en una armadura de fa sostenido mayor,
el instrumento de acompañamiento armónico
funciona esta vez como secuencia rítmica, comparable
a la del Kultrum mapuche.
- ¼ de Tonos ( Primera línea):
intervalos más pequeños que semitonos,
una de las características estructurales de la
música indígena y también asiática.
Este fenómeno se produciría como resultado
del sonido interdental, ya que ambos efectos están
usados en este caso en forma paralela.
- Ritmos aproximados (bajo segunda línea):
en este ejemplo, hemos usado como criterio de transcripción,
la búsqueda de un modelo de entonación
más que el detalle que pudiese ser resultado
de la interpretación casual, es por eso que utilizamos
ritmos de uso común en la escritura musical,
adaptando inflexiones y variaciones a éstos.
- Glissando o portamento (comienzo de la tercera
línea): manera especial de cantar, en
la cual el intérprete desliza la voz gradualmente
de un tono al siguiente a través de todas las
tonalidades intermedias. Se compara al efecto de interpretación
indígena, en la cual la voz se arrastra para
encontrar los componentes de la triada estructural.
- Triada estructural: la melodía
de esta entonación al igual que los cantos mapuches,
se puede resumir en tres notas que sumirían el
rol de acorde fundamental, en este caso son: si bemol,
do sostenido y fa sostenido.
En el caso particular del canto a lo
divino, este se deduce como una manifestación
aprendida y muy resguardada, que tiene sus orígenes
en la música religiosa del siglo XVII que después
de un proceso de asimilación se inserta en el
repertorio chileno. Durante la Colonia la actividad
musical religiosa era sugerida desde España,
los instrumentos usados eran mayormente de origen europeo.
Esto influye también a las reuniones sociales,
en donde las danzas y músicas provenían
del viejo continente incorporándose también
al cancionero popular. Este período es una mezcla
de materiales foráneos y propios que no necesariamente
han vivido juntos, dejando alguno de sus componentes
al margen, habitando algún rincón desconocido,
como dice Mariano Latorre “ Chile es un país
de rincones musicales”, rincones que mantienen
una riqueza histórica expresada en el canto.
La investigación de nuestro pasado musical no
es fácil. El repertorio y tradiciones de nuestras
comunidades (principalmente rurales), con el tiempo
ha tomado una contraposición con sus inicios,
un desligamiento de lo artístico a lo folclórico.
Por siglos la colonización intentó hacer
del nuevo continente una nueva Europa. Fue necesario
dejar pasar generaciones, para que “el criollo”
adquiriera las nuevas costumbres, olvidando muchas veces
nuestro pasado indígena. El estudio de esta realidad
debiese ser imparcial para no seguir fomentando confusiones,
ya que nuestras raíces son de doble origen, nuestro
futuro está en reconocer ambas. Por este motivo
consideramos valioso el haber incrementado nuestros
registros y el haber estudiado los componentes de un
estilo hasta ahora no registrado y que nos hace refrescar
nuestra memoria del muchas veces olvidado pasado indígena.
Las expediciones españolas son protagonistas
importantes dentro de nuestra investigación,
como proceso de introducción de nuevas actitudes
en el comportamiento indígena. En relación
a la música son las misiones jesuitas quienes
intervienen directamente en su formación.
Luego del período de Conquista, los indígenas
sometidos fueron adoctrinados en la religión
católica por los misioneros. Los jesuitas utilizaron
la música como medio de evangelización,
a modo de ejemplo tenemos el Chilidugu, en el que el
Padre jesuita Havestadt de origen alemán, enseñaba
con canciones en texto mapudungún la doctrina
católica, para que pudiera ser entendida y practicada
por las comunidades indígenas. (1765) Las misiones
jesuitas se establecieron en distintos puntos del país,
desde donde recorrían los alrededores en “misión
circular o volante”. La que correspondía
a esta región creada en el convento de Bucalemu,
abarcaba desde el Choapa por el Norte y hasta el Maule
por el Sur, según el Padre Walter Hanisch. La
música que acompañaba los textos era de
origen europeo, similares a las cantadas en las iglesias
del Rhin (Alemania) o de España.
Con la expulsión de los jesuitas, nace el nuevo
tipo de interpretación de lo aprendido, el tipo
“criollo”, que sin duda condensa en su expresión
materiales de distintos orígenes. No podemos
descartar que el texto en mapudungún haya influenciado
a la música, ya que existen muchos vocablos solo
realizables a través de sonidos interdentales
y nasales, que no son propios de la fonética
europea.
Paralelamente sin la herencia cultural milenaria de
los pueblos indígenas, algunos sectores urbanos
fueron asimilando los géneros musicales venidos
de España y en general de toda Europa. Las frecuentes
reuniones de salones en que la música jugaba
un papel fundamental, el teatro y la zarzuela colaboraron
en forma decisiva en la difusión masiva de la
música de origen europea. A comienzos del siglo
XIX, el repertorio musical estaba conformado por aquellos
géneros originalmente foráneos, que adquirieron
paulatinamente caracteres locales propios. En sentido
estricto fueron el vals, la polca, la jota, la mazurca
y la marinera, los estilos que experimentaron mayor
arraigo entre los músicos nacionales, siendo
el vals y la cueca (derivación de la marinera)
las expresiones que a través del tiempo exhiben
el carácter criollo, aceptado y desarrollado
por las clases bajas a fines del siglo XIX. Expresiones
como el canto a lo divino quedaron al margen del repertorio
popular, ya que quedó limitado a una expresión
campesina, que a pesar de las migraciones a la capital
no logra establecerse en forma notoria.
El reconstituir el tiempo anterior más precisamente
el período colonial desde el punto de vista indígena,
enfocando su legado musical nos significó salidas
a terreno y la convivencia con muchos cantores, pero
entre más contacto existe se abren más
inquietudes hacia próximos objetivos.
BIBLIOGRAFÍA:
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Dictionary of Music”, London, 1984
Manuel Dannemann: “Enciclopedia del Folclore de
Chile”, Editorial Universitaria, 1998
Rodolfo Lenz : “Poesía Popular Chilena”
Walter Hanisch S.J.: “Historia de la Compañía
de Jesús en Chile”Editorial Fco. De Aguirre
–Santiago 1974.
Walter Hanisch S.J : “Peumo Historia de una Parroquia”
Editorial Universidad Católica-Santiago 1963
Maximiliano Salinas C.: “Historia del pueblo de
Dios en Chile”, Ediciones Rehue, 1987
Maximiliano Salinas C.: “Canto a lo divino y espiritualidad
del oprimido en Chile”, Soc.
Impresora La Unión Ltda.., Santiago, 1991.
Desiderio Lizana : “Como se Canta a la Poesía
Popular” Revista Chilena Historia y
Geografía-1911
Carmen del Rio Pereira
María Luisa Grüzmacher Gallo
Marcelo Vidal Díaz
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